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Encontré la Vida Eterna , frente a la muerte Mensajes > Encontré la Vida Eterna , frente a la muerte
Encontré la Vida Eterna , frente a la muerte
Title
   Testimonio de Dr. Jaerock Lee(11) - Nueva vida    
Speaker
   Rev. Jaerock Lee
Pasaje
   
Date
   2008-04-30



Parte Tercera: ¡Oh, Dios!

1. Nueva vida
2. Ayúdame a perdonar
3. Todo mi camino



1. Nueva vida


La vida que nació de nuevo

¡Cuán sorprendente es encontrarse uno con buena salud de la noche a la mañana! No podía dudar más. Quedé completamente maravillado ante los milagros que habían ocurrido.
"¡Oh! ¡Dios!"
Una persona como yo que negaba la existencia de Dios, se encontró con Él, de la noche a la mañana. Me convertí ante la llamada del Señor. Empecé a arrodillarme ante Él, que me dio la salud y la nueva vida.
Ante todo sentía un gran deseo de ir a la iglesia a donde acuden todos aquellos que creen. Me di cuenta de que había muchas iglesias.
"¿A qué iglesia tenemos que ir?", vacilé.
Mi esposa me contestó: "Hay una iglesia detrás de nuestra tienda. Podemos ir allí puesto que está cerca".
Por eso decidimos ir a la iglesia más próxima.


Los pasos hacia la iglesia

Tenía muchas ganas de ir a la iglesia el domingo. Mis pasos hacia la iglesia eran ligeros y alegres. Sentí que mi familia en ese día era más hermosa y no tenía envidia de nadie. Mi esposa, mi hija y yo, tomados de la mano nos fuimos hacia la iglesia.
Mi hija preguntó: "Papá, ¿por qué vamos a la iglesia?"
Ella estaba muy feliz de salir con sus padres, era la primera vez en mucho tiempo.
"Vamos a la iglesia para dar gracias a Dios que me sanó y nos ha hecho felices", contesté.
"Dios, por fin, hoy toda mi familia ha venido a la iglesia. Me arrepiento de no haber venido antes. No sabía que me sentiría tan feliz aquí".
Intenté cantar y leer las escrituras tranquilamente. Cuando los fieles se sentaron, alguien oró en voz alta. Mientras él oraba, mis ojos se llenaron de lágrimas y mi corazón estaba lleno de emoción. Las lágrimas de agradecimiento me corrían por la cara.
A continuación siguió un canto del coro. Su cántico estaba lleno de fuerza. El pastor de la iglesia predicó, estaba alegre y agradecido a Dios. Ví una luz brillante sobre el pastor, sobre mí y mi esposa.
Cantando los cánticos, los fieles ofrecían su ofrenda. Pensando que mi ofrenda era pequeña, decidí hacer una ofrenda especial después. Mientras estaba orando junto a mi esposa, las lágrimas corrían por mi cara, pero no me sentí avergonzado, mi esposa también estaba derramando lágrimas y se las enjugaba.
Cuando terminó el culto, no quise abandonar de inmediato la iglesia, por eso me quedé un rato sentado orando.


Llegué a ser un orador a Dios

"Tú está vivo. Vine a rendirte culto a ti con mi esposa y mi hija. Por favor, perdona mi arrogancia, perdona mi arrogancia. Ayúdame, puesto que he nacido de nuevo. Creo que tú me curaste de mis enfermedades, entonces por favor, Dios mío, guía mi vida. Por favor, guía mi camino".
Me sentí alegre, tranquilo y fuerte. Cuando mi esposa y yo oramos, recibimos una gracia especial.
A partir de ese día, siempre esperamos que llegará el domingo para poder ir a la iglesia y rendir culto a Dios. Ahorramos dinero durante varios días para comprar una Biblia y un libro de cantos. Aunque no pudimos comprar los libros de buena calidad, eso no nos importó; lo realmente importante era que en ellos estaba la Palabra de Dios. El Dios que me sanó.
Ya que la lectura fue mi única aficción durante mi enfermedad, en cuanto compré la Biblia la comencé a leer a diario. No me aburría leyéndola. Cuanto más leía y conocía a Jesús, tanto más daba gracias a Dios y me maravillaba de su fuerza.
Empecé a alabar y orar por la noche.

"¡La gracia sorprendente! ¡ Qué dulce el sonido!
¡Eso salvó a un miserable como yo!
Antes estaba perdido, pero ahora he encontrado el camino.
Era ciego, pero ahora veo.
Era la gracia lo que enseñó a mi corazón a temer.
Y la gracia alivió mis miedos.
¡Qué preciosa gracia apareció!
¡La hora en que creí por primera vez!"

Mientras yo cantaba los cantos, mis ojos estaban llenos de lágrimas y mi corazón palpitaba con alegría. Levantaba mis manos y sentía como si Jesús estuviera delante de mí.
"Jesús, he actuado como si hubiera conocido todo. Cuando mi hermana me dijo que creyera en ti, la critiqué y le grité: "¿Dónde está él?" Me burlaba de los que cantaban los cánticos y oraban, y pensé en que ellos estaban locos. No me gustaban las personas que oraban llorando, ya que no entendía por qué lo hacían".
Dudé de eso cuando la diaconisa mayor, Hyuh-Sin-Ae, oró especialmente por mí, ya que no lo hizo de la manera que yo esperaba. Dudaba de los testimonios de los que habían sido sanados.
"Por favor, perdona mi arrogancia e ignorancia. Tú me libraste de la muerte y me diste nueva vida. Tú me libraste de la tristeza y me diste la alegría. Tú me libraste de la enfermedad y me diste la salud. Aunque tuviste diez mil bocas, ¿cómo podría darte gracias? Tú eres un Dios del amor y Dios todopoderoso. Acepta toda la alabanza y gloria. ¿Qué podría ofrecerte en acción de gracias? No tengo dinero, sólo tengo mi cuerpo, deseo darte mi corazón; por favor, recíbelo en acción de gracias».
No sé cuanto tiempo pasaba, pero disfrutaba cada segundo orando y cantando cánticos a Él. También puedo trabajar.
Cuando recobré la salud, después de siete años de enfermedad, quería tener una vida normal como todos. Tenía que hacer algo para mantenerme, para ser la cabeza de la familia, para mi esposa que había aguantado tanta adversidad y para mis hijas. Aunque no tenía nada excepto una deuda enorme, no tenía ninguna preocupación. Tenía un nuevo desafío, pero confiando en Dios -quien me sanó- para que me ayude y poder salir de esa manera adelante.
Para pagar la deuda, sólo podía pensar en dirigir un negocio, ya que en aquel entonces (1974) tenía que pagar 40. wones (aproximadamente cincuenta dólares) de interés al mes y el salario normal era de 20.000 wones (aproximadamente veinticinco dólares) al mes. Aunque no tenía ningún dinero para empezar un negocio, no quería pedir dinero prestado a los no creyentes. No quería conseguir un trabajo, aunque esto era bueno si tenía que trabajar los domingos, puesto que quería ir a la iglesia para alabar a Dios.
Por lo tanto, conseguir un trabajo o empezar un negocio era muy difícil. Un día uno de mis amigos que era un ingeniero me propuso que trabajara como empleado y le ayudara. Al principio rechacé su oferta porque no tenía ninguna experiencia en el trabajo de peón y además hacía poco que había recobrado la salud. Sin embargo, mi amigo siguió persuadiéndome de que no sería tan difícil trabajar con él.
Tardé mucho tiempo para decidirme.
«El Dios vivo me dio un nueva vida, tengo que celebrar los domingos para Él. Hasta que Él me señale el camino, creo que tengo trabajar como un simple obrero. ¿Por qué? Él me dio la salud, puedo aguantar el trabajo duro».
Fui a trabajar como obrero por primera vez en mi vida. Aunque trabajaba con mucho ahínco, sólo podía alcanzar la mitad de lo que los otros hacían. Quise abandonar el trabajo muchas veces, pero pensaba «Si yo abandono ahora, ¿qué más podré hacer?» Aunque padecía toda la noche dolor de músculos, me levantaba temprano al día siguiente para ir a trabajar.


Un cambio en mi familia

Cuando mi esposa me vio empezar a trabajar duro por mi familia, se preocupó por mi salud, pero estaba feliz como esposa. Mis hijas me esperaban al regreso como otros niños lo hacían, dándome cariñosa acogida.
Por primera vez en mucho tiempo, pude sentir el amor de mi familia. Empecé a amar más a mi esposa y a mis hijas. Y mi familia estaba volviendo a ser una familia pacífica.
Cada día nos era nuevo y cada día estaba brillando para nosotros. Sentíamos felicidad todos los días. Mi esposa y yo, juntos, alabábamos a Dios.

«He conseguido ahora la nueva vida del Señor,
lo pasado desapareció, y ahora soy hombre nuevo.
Esa vida fluye a mí como el río,
esa vida brilla en mí como el sol.
Viviré en el Señor probando la vida eterna.
Viviré en el Señor hoy y mañana».


 
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