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2016 Petición de Oración | Dios mide nuestra fe | Conferencia sobre 1 Juan

 
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Title
   Bienaventuranzas(6) - Las Bienaventuranzas 6    
Speaker
   Rev. Jaerock Lee
Pasaje
   Mateo 5:1-12
Date
   2008-05-22



Las Bienaventuranzas 6

La Escritura: Mateo 5:1-12
1 Viendo la multitud, subió al monte\; y sentándose, vinieron a él sus discípulos.
2 Y abriendo su boca les enseñaba, diciendo:
3 Bienaventurados los pobres en espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos.
4 Bienaventurados los que lloran, porque ellos recibirán consolación.
5 Bienaventurados los mansos, porque ellos recibirán la tierra por heredad.
6 Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia, porque ellos serán saciados.
7 Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia.
8 Bienaventurados los de limpio corazón, porque ellos verán a Dios.
9 Bienaventurados los pacificadores, porque ellos serán llamados hijos de Dios.
10 Bienaventurados los que padecen persecución por causa de la justicia, porque de ellos es el reino de los cielos.
11 Bienaventurados sois cuando por mi causa os vituperen y os persigan, y digan toda clase de mal contra vosotros, mintiendo.
12 Gozaos y alegraos, porque vuestro galardón es grande en los cielos\; porque así persiguieron a los profetas que fueron antes de vosotros.


Amados Hermanos en Cristo.
Jeremías 17: 7-8 cita, “Bendito el varón que confía en Jehová, y cuya confianza es Jehová. Porque será como el árbol plantado junto a las aguas, que junto a la corriente echará sus raíces, y no verá cuando viene el calor, sino que su hoja estará verde\; y en el año de sequía no se fatigará, ni dejará de dar fruto.”

Cuando un árbol es plantado junto a un arroyo, sus raíces son profundas, y puede recibir abundante agua. Incluso durante la estación de calor o de sequía, el árbol estará bien arraigado y podrá producir hojas verdes y abundante fruto. De la misma manera, aquellos creyentes que tienen sus raíces en Dios, la fuente de toda bendición, no tendrán temor de ninguna adversidad en este mundo. No temerán a ninguna autoridad ni a los ricos de este mundo. Cuando viven al abrigo de Dios y actúan en la verdad, podrán vencer con fe toda clase de dificultades Asimismo, a través de aquellas pruebas, cambiarán y llegarán a agradar más a Dios, y de este modo recibirán más grandes bendiciones.
En su hogar, centro de trabajo, o a cualquier lugar que vaya, Dios estará a su lado mostrándole Su cuidado y amor. Lo bendecirá en su entrada y salida\; lo pondrá por cabeza y no por cola\; prestará y no pedirá prestado. Lo protegerá de enfermedades y accidentes. Si Dios lo ama, no solo lo bendecirá a usted sino también a las personas que están con usted. Del mismo modo en que las bendiciones alcanzaron a Abraham a dondequiera que fuera, aquellos que estaban cerca de él también eran bendecidos. (Es decir, todos fueron bendecidos) Por eso, se dice que será bendecido en su entrada y su salida.
Este es el sexto mensaje de las Bienaventuranzas, y en la medida en que cultive las bienaventuranzas en usted, siempre vivirá en la abundante bendición de Dios. Espero que retenga este mensaje en su corazón y llegue a ser parte de su vida.
Oro en el nombre del Señor para que usted sea un verdadero hijo bendecido de Dios y sea exaltado sobre todo pueblo y nación.

Amados Hermanos en Cristo.
Esta es la sexta prédica de las Bienaventuranzas, y hoy le hablaré sobre los que son limpios de corazón.

Les voy a hacer una pregunta ¿Quieren conocer a Dios? Si es así, por favor presten cuidadosa atención a este mensaje y llegarán a conocer a Dios.
El pasaje de hoy lo encontramos en Mateo 5:8. Y cita, “Bienaventurados los de limpio corazón, porque ellos verán a Dios.” La Palabra de Dios es invariablemente siempre verdadera. Y se cumple tal como está escrita en forma absoluta y completa. La palabra “limpio” literalmente quiere decir transparente y puro. Si su corazón es transparente y puro, no sólo quiere decir que sus acciones externas serán intachables producto de una buena educación y del sentido común. Sino también significa que estará santificado y no tendrá ninguna clase de maldad en su corazón.
Los Fariseos en los tiempos de Jesús no se despojaron de los pecados que aún tenían en el corazón. Tan solo recitaban la Palabra de Dios de memoria, ayunaban muchas veces, y daban sus diezmos puntualmente. Además, añadieron muchas reglas a los mandamientos de Dios. Creyendo que así llegarían a ser limpios y santos, las guardaron diligentemente. Una de sus reglas decía que si comían algo sin lavarse las manos era un acto impuro. Siguiendo esta regla, se lavaban las manos varias veces antes de comer. Sin embargo, cuando vieron a los discípulos de Jesús comer sin lavarse las manos, los Fariseos quisieron reprenderlos.
¿Pero qué dijo Jesús? Él dijo, “No lo que entra en la boca contamina al hombre\; mas lo que sale de la boca, esto contamina al hombre.”
Mateo 15: 18-20 señala, “Pero lo que sale de la boca, del corazón sale\; y esto contamina al hombre. [19] Porque del corazón salen los malos pensamientos, los homicidios, los adulterios, las fornicaciones, los hurtos, los falsos testimonios, las blasfemias. [20] Estas cosas son las que contaminan al hombre\; pero el comer con las manos sin lavar no contamina al hombre.” Aunque corrijamos nuestro aspecto y nuestras acciones pretendiendo que somos santos, Dios no se complace con nosotros por que El examina el corazón. Él quiere que nos apartemos del pecado, de lo turbio, o ilegal, y de toda injusticia que contamina nuestro corazón. Si estamos verdaderamente limpios, mantendremos en forma natural nuestro cuerpo y nuestro entorno limpio.
Sin embargo, algunos dicen, “No he hecho mal a nadie en mi vida. Así que, si realmente existe el cielo. De seguro iré allí.” Dicen eso porque creen que no pecan y por eso no tienen que ir a la iglesia ni creer en Jesús. No obstante, en este mundo nadie tiene un corazón limpio ante de Dios sino cree en el Señor. Todos nacen con el pecado original heredado de Adán y con la naturaleza pecaminosa adquirida de su familia. Asimismo, aun cuando creen que están viviendo una vida buena, ante Dios, quien es la verdad misma, todos son pecadores.
Por eso, Romanos 3: 10 señala, “No hay justo, ni aun uno.” Los que no conocen a Dios dicen que no han pecado porque no han hecho daño a otros o no han transgredido alguna ley con sus hechos. Además, aunque quebranten la ley, por ejemplo, evadiendo impuestos, pero si no los descubren, dicen que no han pecado. Por ejemplo, creen que por no golpear a una persona aunque su corazón esté lleno de odio contra ella y tengan ganas de golpearla, como no lo han hecho físicamente entonces no han pecado. Si tienen deseos de matar a alguien, pero no lo matan físicamente, también creen que no es pecado. Sin embargo, delante de Dios, si sólo tenemos odio en nuestro corazón o si queremos golpear a alguien, es como si lo hubiéramos hecho.
Se considera pecado porque en nuestro corazón tuvimos la intención de golpear. Asimismo, si tan sólo tenemos el deseo de matar a alguien, es como si en realidad hubiéramos cometido asesinato. Dios dice que si sólo tenemos alguna maldad en nuestro corazón, ya hemos pecado y nuestro corazón es impuro. Por eso, 1ra de Juan 3:15 dice, “Todo aquel que aborrece a su hermano es homicida\; y sabéis que ningún homicida tiene vida eterna permanente en él.” Repito, todo aquel que aborrece a su hermano es homicida\; y sabéis que ningún homicida tiene vida eterna permanente en él. Ningún homicida tiene vida eterna en él. Por lo tanto, ¡no será salvo! La Palabra dice, “y sabéis.” ¿Usted lo sabe verdad? ¿Qué quiere decir esto?
Todo aquel que aborrece a su hermano no tiene vida eterna permanente en él. Esto quiere decir que no será salvo. Todo aquel que aborrece a su hermano es homicida, pero los homicidas no tienen vida eterna en Él, así que todo aquel que aborrece a su hermano no tiene vida eterna en Dios. Esto significa que en esta condición, no será salvo si Dios llama a su alma ahora mismo. Muchos cristianos no saben ni siquiera si son salvos. En el Antiguo y en el Nuevo Testamento está claramente escrito, pero simplemente no lo saben. ¿Es salvo solamente porque dice que cree en el Señor? Debemos conocer claramente la verdad, no en forma vaga ni superficial.
En Mateo 5: 28 leemos, “Pero yo os digo que cualquiera que mira a una mujer para codiciarla, ya adulteró con ella en su corazón.” No sólo se considera adulterio cuando lo comete en la práctica. Si tan sólo lo tiene en su corazón, ya es adulterio. En este mundo, el pecado se condena solamente cuando es visible\; es decir, cuando es una acción concreta. Sin embargo, Dios mira nuestro corazón. Aunque tengamos adulterio en el corazón solamente, es como si ya hubiéramos adulterado. Así que, como Dios escudriña nuestro corazón, quiere que esté limpio. No solamente quiere obras santas y limpias, sino también quiere que nuestros corazones estén limpios. Del mismo modo, si tenemos codicia, orgullo, engaño, envidia, celos, cólera, etcétera, nuestro corazón ya es impuro aunque esto no se haya manifestado externamente.
Hoy en día, incluso algunos pastores juzgan y condenan o difaman a otros sin conocer bien los hechos. A pesar que cometen esta clase de pecado tan grave, se consideran limpios. Pero Dios aborrece estas cosas. Él odia toda perversidad que contamina nuestro corazón. No es necesariamente una iniquidad o maldad golpear una vez a alguien si luego se arrepiente y no lo vuelve a hacer. No es tan grave si puede dejar de golpear a otros la próxima vez que se enfade. Sin embargo, ¿Puede dejar de odiar a alguien inmediatamente? Esto no se puede hacer inmediatamente. Tiene que luchar mucho contra esto. Puede dejar de hacer lo malo que es visible, pero para despojarse de su naturaleza malvada interior, tiene que ayunar y orar y luchar contra esto, incluso hasta llegar a derramar su sangre.
Dios quiere que sus hijos tengan corazones limpios y corten no solo con los pecados que se manifiestan externamente en hechos, sino también con la naturaleza de maldad dentro del corazón. Por eso el hombre no puede juzgar a nadie, solamente Dios escudriña el corazón. No debemos juzgar por apariencias o por acciones externas. Es Dios quien mira el corazón. Aquellos que juzgan y condenan tienen mayor maldad en su corazón. Por tanto Dios nos dice “quita primero la viga de tu propio ojo”. Cuando Dios reconoce a alguien como puro, es porque conoce su corazón. Mostrará la evidencia que ama a esa persona y esa convicción que Dios está con nosotros es muy importante. Si Dios ama a alguien por tener un corazón limpio, lo conocerá, estará con él, y caminará con él. Estas son las pruebas de Su amor. Podemos ver que Dios nos ama por tener un corazón puro a través de estas evidencias de Su amor. Es algo muy malo si juzgamos y condenamos de acuerdo a nuestros propios criterios.
Mateo 5: 48 cita, “Sed, pues, vosotros perfectos, como vuestro Padre que está en los cielos es perfecto.” Y 1 Pedro 1:16 declara, “Porque escrito está: Sed santos, porque yo soy santo.” Dios nos está mandando que seamos santos como Él es Santo. Dios nos está pidiendo a nosotros, Sus hijos, que seamos perfectos como Él es perfecto. Si antes solíamos pelear y enojarnos con los demás, ahora en Cristo debemos de echar fuera todo enojo y ser mansos. Si antes éramos orgullosos, ahora debemos aprender a humillarnos y servir a nuestro prójimo. Si teníamos envidia y celos, ahora debemos transformar nuestro corazón hasta llegar a amar incluso a nuestros enemigos.
Por favor no diga que esto es imposible, al contrario diga que es posible. No diga que no puede despojarse de ello, sino simplemente hágalo y sea obediente. ¿Dice qué no es posible? Cuando cortamos con el pecado y con la maldad y nos llenamos con la verdad, nuestro corazón se hará puro.
Sin embargo, sólo saber la Palabra de Dios como mero conocimiento no es suficiente no importar lo mucho que la sepamos. Si este púlpito está sucio, tengo que traer un paño o una toalla y limpiarlo. ¿Quedará limpio este púlpito si sólo pusiéramos una toalla a su costado y decimos que necesita limpiarse? Seguirá sucio no importa el tiempo que pase. Necesita el paño para limpiarlo. De igual forma, de nada aprovecha saber la Palabra de Dios como simple conocimiento. Tenemos que guardarla en nuestra mente y ponerla en práctica para hacer que nuestro corazón sea limpio y puro. Pero no importa lo mucho que deseemos transformar nuestro corazón en un corazón puro, no podremos cambiarlo nosotros mismos.
Romanos 7:22-24 dice, “Porque según el hombre interior, me deleito en la ley de Dios\; [23] pero veo otra ley en mis miembros, que se rebela contra la ley de mi mente, y que me lleva cautivo a la ley del pecado que está en mis miembros. [24] ¡Miserable de mí! ¿Quién me librará de este cuerpo de muerte?” El hombre interior, que originalmente fue creado por Dios es limpio. Este hombre interior se deleita en la ley de Dios y quiere buscar a Dios. Como usted todavía tenía esta clase de corazón en su interior, pudo abrirlo para aceptar al Señor.
No obstante hay otra ley en su cuerpo que está luchando contra la ley de su mente y haciéndolo esclavo a la ley del pecado. ¿Qué quiere decir “las obras de la carne”? A la naturaleza pecaminosa que es parte de nosotros se le conoce como “las obras de la carne”. Esa inclinación hacia el pecado que está unida y fundida en su cuerpo se le llama “las obras de la carne”. Así que, otra ley en su cuerpo contiende contra la ley de su mente haciéndolo esclavo de la ley del pecado. Se imaginan ¡lo angustioso que es esto! ¡Miserable de mí! ¿Quién me librará de este cuerpo de muerte? ¡Gracias a Dios! ¿Quién lo rescató? Fue nuestro Señor quien lo rescató. De modo que, debemos dar gracias a Dios. Tenemos una mente que tiene conocimiento de la verdad y que intenta luchar contra el pecado y, al mismo tiempo, tenemos otra mente que se inclina al pecado y trata de aferrarse a él.
Ayer, alguien vino a pedirme para que orara por él y me dijo, “Reverendo, todo mi cuerpo está enfermo. Me duele todo el cuerpo. Por favor, ore por mí para que pueda sanarme.” Sin embargo, él no era un nuevo creyente. Ha sido cristiano por mucho tiempo. Y todavía sigue pecando. Pero acaso vino con un corazón realmente arrepentido para que orara por él. Me pidió “Reverendo, ayúdeme a dejar de beber y de fumar.” ¿Acaso lo obligué a que viniera para que orara por él y dejara esos vicios? No es un nuevo creyente. Ha estado viniendo a nuestra iglesia bastante tiempo. Pero todavía bebe y fuma, lo que afecta muchas partes de su cuerpo. ¿Por eso, aunque reciba la oración por los enfermos, podrá sanarse acaso? ¿Podrá Dios obrar en él? ¡Claro que no! Cualquier enfermedad que usted tenga, es producto de algo malo y de un muro que lo separa a usted de Dios. Cada problema tiene un motivo o una causa.
Esta persona ya tiene bastante experiencia en la vida. Y como está enfermo, debería poder dejar de beber y de fumar inmediatamente para sanar de sus enfermedades. Sin embargo, no puede dejar de hacerlo porque en realidad le gusta beber y fumar. Y luego dice que está recibiendo la oración con fe. Pero ¿Es realmente fe? Si desobedecemos y no desechamos de lo que Dios dice que echemos fuera sino que hacemos lo que Él dice que no hagamos, y aún así decimos que creemos, ¿Para que sirve la oración entonces?
Dios simplemente apartará su rostro y no obrará. Debe de renunciar a las cosas que tiene que dejar. ¿Por qué sufre de enfermedades y no renuncia a esas cosas? Si odia a alguien, es necesario cortar con ese odio. ¿Por qué sufre entonces por no haber desechado ese odio? Pudo haber cortado con esa “obra de la carne”, pero decidió no hacerlo y le vino una enfermedad. Además tiene un corazón que le gusta pecar y que se aferra al pecado. Interiormente tiene un gran conflicto entre dos mentes y tendencias diferentes que pelean entre sí. Cortar con el pecado no puede lograrse solamente con nuestro propio esfuerzo humano, tenemos que recibir la fortaleza de Dios.
En 1ra de Timoteo 4: 5 leemos lo siguiente, “Porque por la palabra de Dios y por la oración es santificado.” Sin la palabra de Dios no podemos llegar a ser santos. Solamente la Palabra de Dios nos enseña lo que es la verdadera bondad, la verdadera santidad, la verdadera mansedumbre, y la única y auténtica verdad.
También podrá discernir si algo es pecado o no solo por la Palabra de Dios. La bondad a los ojos del mundo no es verdadera bondad. La mansedumbre de acuerdo al concepto de este mundo no es una verdadera mansedumbre. Incluso aquella persona de quien se dice que es tan buena que aún podría vivir sin ninguna ley que lo controle, en realidad no es así. A los ojos de Dios, también tiene maldad. La verdadera bondad es solamente la bondad que Dios aprueba. Lo mismo sucede con la verdadera mansedumbre y con la verdad. Hay luz solamente cuando Dios dice que hay luz. Así que, es sólo por la Palabra de Dios y por la oración que llegamos a santificarnos.
Si no ora, no tendrá la fortaleza necesaria para controlarse ni para dominar al diablo y a Satanás. Por medio de la oración usted recibe la ayuda del Espíritu Santo y la gracia y la fortaleza de lo alto y así podrá vivir de acuerdo a la Palabra de Dios. La Palabra de Dios nos santifica, pero si no oramos, todo lo demás es inútil. La Palabra y nuestra oración deben ir juntas. No importa cuanto trabaje en la iglesia, si no ora, incluso será difícil que vaya al reino de los cielos. Y si llega a ir, solamente irá al paraíso.
Si no ora, en verdad no tiene ninguna comunión con Dios. ¿Por qué? El no orar es considerado ya un pecado. Si no ora, está levantando un muro de pecado ante Dios, y ¿Cómo podrá llamar a Dios “Padre” sino tiene una comunicación espiritual con Él? Cómo podrá decir Dios, ¿”Tu eres mi hijo amado?”
Digamos que padres e hijos están viviendo juntos, y a medida que los hijos crecen, ya no llaman a su padre ""Padre"" ni a su madre ""Madre"". Ni siquiera les dirigen la palabra. Y eso no es debido a un cambio en su estado de ánimo o cosa parecida, sencillamente no hablan con sus padres por uno o dos años. Comen, incluso ayudan en la casa con sus deberes y luego se van a sus habitaciones. Sin embargo, ni siquiera saludan o hablan con sus padres. ¿Qué podríamos pensar, entonces? ¿Le dirán los padres, “Hijitos amados?” Sus corazones de seguro se sentirían acongojados y tristes. ¿Qué doloroso debe ser esto para los padres?
De igual forma, ¿Qué pasaría si los hijos de Dios no hablaran con Él? ¿Qué sucedería si dejaran de orar, que es lo mismo a una conversación espiritual? Si dicen que aman a Dios, ¿Podría ser esto verdadero amor? En primer lugar, debemos hacer lo posible con nuestro mayor esfuerzo para vivir de acuerdo a la Palabra de Dios.
Al mismo tiempo, por medio de la oración ferviente, debemos recibir la fortaleza y gracia de Dios, y la ayuda del Espíritu Santo. Cuando de esa manera nos mantenemos en obediencia a la verdad, nuestros hechos serán gratos y santos delante de Dios, y la naturaleza pecaminosa de nuestro corazón será desarraigada para hacerlo puro y limpio.

Amados Hermanos en Cristo.
¿Qué clase de bendiciones recibiremos si tenemos un corazón limpio y puro por la Palabra de Dios y la oración? Estés escrito que veremos a Dios. ¿Todos ustedes quieren ver a Dios? AMEN. Si aman a Dios y al Señor Jesús, naturalmente querrán verlos. ¡Que dicha debe ser llegar a ver a Dios, poder hablarle, y ser abrazados por Él! En Jueces 13:22, Manoa, padre de Sansón después de ver al ángel del Señor dijo, “Ciertamente moriremos,” Dijo a su esposa. “¡A Dios hemos visto!” También, Juan 1:18 dice, “A Dios nadie le vio jamás\; el unigénito Hijo, que está en el seno del Padre, él le ha dado a conocer.”
Un pecador no puede ver a Dios. Asimismo, sólo después que lleguemos al reino de los cielos podremos ver la naturaleza original de Dios. Sin embargo, incluso luego de llegar al reino celestial, aquellos que han ido solamente al paraíso o al 1er o al 2do reino de los cielos no podrán ver a Dios. Únicamente los que estén en la Nueva Jerusalén podrán verlo. Incluso en esta tierra, en algunas ocasiones podemos llegar a ver a Dios. Aun cuando no veamos el verdadero cuerpo de Dios quien está en Su trono en el cielo, el Espíritu del Padre se nos revela y nos permite ver Su imagen. Éxodo 33:11 dice, “Y hablaba Jehová a Moisés cara a cara, como habla cualquiera a su compañero.”
Dios hablaba con Moisés como un hombre habla con su amigo. Así que, ¿Qué es lo que Dios dice en la Biblia de Moisés? Dios dice que Moisés era un hombre muy manso, más que todos los hombres que había sobre la tierra. Por eso es que Moisés pudo ver a Dios cara a cara. Aquellos que son limpios de corazón pueden ver a Dios. Por supuesto, también pueden escuchar Su voz. Jamás contradiga a alguien que dice que ha visto a Dios. Atengámonos a la Biblia. Vivamos de acuerdo con la Palabra de Dios. La Palabra de Dios nunca cambia. Es la misma hace seis mil, cuatro mil, o dos mil años atrás, e incluso hoy en día es la misma. Dios es el mismo ayer, hoy y lo será siempre. Si Dios se reveló al ser humano hace dos mil años, también se le revelará a usted hoy. Y precisamente hoy es cuando con más empeño y anhelo desea darse a conocer en su vida.
¿Por qué? Quiere revelarse más en su vida porque el pecado está aumentando cada día más en el mundo actual. Al llegar a revelarse en usted podrá transformarlo más. Sin embargo no hay muchos que estén dispuestos a que Dios haga esto. Lo que sucede, es que no hay muchas personas que estén debidamente calificadas para ver a Dios. No es malo desear ver a Dios. Sin embargo, si llega a verlo, debería desear verlo cuantas veces le sea posible. Cuando la presencia de Dios descendió sobre esta tierra, el pueblo de Israel no se atrevió a acercarse, pero Moisés lo vio cara a cara. También, Enoc caminó con Dios por trescientos años. Durante ese tiempo Dios debe habérsele revelado personalmente porque amaba mucho a Enoc.
¿Por qué, entonces, es que algunas personas no pueden ver a Dios o incluso mueren cuando ven a Dios mientras que otros ven a Dios cara a cara e incluso caminan con Él? La respuesta la encontramos en el pasaje de hoy. Los que son limpios de corazón podrán ver a Dios, y por el contrario, los que están manchados de pecados y tiene sucio el corazón no podrán ver a Dios. Por eso, 3ra de Juan
1:11 dice, “Amado, no imites lo malo, sino lo bueno. El que hace lo bueno es de Dios\; pero el que hace lo malo, no ha visto a Dios.” Aunque no vemos el cuerpo que al principio tenía Dios Padre, que está en el trono celestial, en este mundo vemos solamente su espíritu, ¡Pero esto también es una bendición muy grande! ¿Por qué? No sólo es motivo de gozo ver a Dios Padre a quien amamos, sino que cuando Él se muestra a nosotros, no lo hace con las manos vacías.
Si echamos fuera todo pecado de nuestro interior y purificamos nuestros corazones, no seremos bendecidos sólo una vez. Recibiremos abundantes bendiciones como Enoc, quien caminó con Dios durante trescientos años. Por lo tanto, cada momento de nuestra vida estará lleno de agradecimiento y de testimonios.
Así que, ver a Dios de acuerdo con el pasaje de hoy no solamente significa que veremos la imagen de Dios Padre con nuestros ojos espirituales. Quiere decir también que recibiremos respuesta a lo que pidamos en oración. Es decir, es conocer y experimentar al Dios viviente. Cuando usted testifica que ha conocido y experimentado al Dios vivo, no sólo quiere decir que ha visto a Dios con sus ojos. También significa que ha experimentado el obrar de Dios que responde a las oraciones de sus hijos con Su poder y divinidad.
Jeremías 29: 12 declara, “Entonces me invocaréis, y vendréis y oraréis a mí, y yo os oiré.” Cuando ora a Dios, Él le escuchará bajo ciertas condiciones. Primero, tenemos que clamar a Él para que pueda escucharnos. La Biblia claramente dice que Él nos escuchará cuando clamemos. Eso por eso que incluso nuestro Señor oró tan profunda y fervientemente hasta que su sudor se hizo como grandes gotas de sangre. Los discípulos también clamaron cuando oraban.
Incluso cuando estaba al borde de la muerte, Esteban clamo a gran voz diciendo “¡Señor!”. Nuestro Señor también clamó en voz alta incluso en la cruz. Muchos personajes en la Biblia, clamaron de esta manera. Lázaro, un hombre muerto, ¿Podría haber escuchado a alguien? Por eso nuestro Señor se acercó al sepulcro y dijo en voz alta, “Lázaro, ¡Sal fuera!”¿Por qué la Biblia relata que Jesús habló en voz alta? Es porque también nosotros debemos clamar. Si conoce el significado espiritual, sabe por qué tiene que clamar. Dios mira el corazón, pero los ángeles no pueden ver completamente su corazón. Su ángel guardián si puede, pero no todos los ángeles pueden ver el corazón. Los ángeles reciben su oración. Dios no obra solo. Usa a las huestes celestiales y a los ángeles y obra por medio de una organización celestial.
En la Biblia, vemos que los ángeles reciben el aroma de las oraciones y lo llevan al trono de Dios. Para que los ángeles reciban su oración, usted tiene que clamar en voz alta. Si sólo balbucea palabras cuando ora, ¿Podrán los ángeles comprenderlo? Debe clamar para que los ángeles escuchen y reciban su oración y así pueda subir como aroma. Por eso, debemos obedecer lo que dice la Biblia, que es la verdad. Y nos manda a “Clamar” así que debemos clamar. No es malo clamar. La Biblia nos dice que clamemos. Dios nos dice esto porque hay una razón. “Si me invocas, y vienes y oras a mí, (es decir al Padre) yo os oiré,” Así que Dios escuchará su oración de esa manera. Asimismo, el versículo 13 dice, “Y me buscaréis y me hallaréis, porque me buscaréis de todo vuestro corazón.”
Dios dice que le responderá a aquellos que claman a Él. En algunos casos, aun cuando son nuevos creyentes y no viven totalmente de acuerdo a la verdad, reciben respuestas a sus oraciones. Aun cuando no se han santificado completamente, sino sólo en un 30 %, 50 %, u 80 %, llegan a conocer y a experimentar a Dios de acuerdo a su propia medida de fe. Por ejemplo, no importa lo rico o millonarios que sean los padres y lo mucho que amen a sus hijos, no podrán darles millones de dólares de propina a sus hijos pequeños. Sin embargo, si los hijos mayores se portan exactamente de acuerdo a la voluntad de sus padres, podrán darles todo lo que sus hijos quieran, es decir, si los padres están en posibilidad de dar.
Pero incluso a los niños pequeños mientras están creciendo, si son particularmente cariñosos, hacen algo que es digno de elogiar, o cuando tal vez necesitan comprar algo, los padres podrán darles una cantidad de dinero apropiada para ellos. De forma semejante, si los hijos de Dios se santifican completamente y crecen hasta alcanzar la medida completa de fe, recibirán respuestas a los anhelos de su corazón y podrán incluso demostrar el poder de Dios. Así que, no debe pedir algo sin tener discernimiento. Cuando pida, debe hacerlo de acuerdo a las reglas establecidas por Dios.
Por ejemplo, digamos que un alumno de primaria o de secundaria le pide a Dios, “Dios Padre, te amo y creo en ti. Pero mi papá es muy pobre así que Señor, hazme gerente de una empresa.”
Supongamos que este estudiante de secundaria también oró pidiendo, “Dios, haz que pueda dar un diezmo mensual de 10,000 dólares.” ¿Dios le concederá su deseo? ¡No podrá hacerlo! ¿Cómo podría un alumno de secundaria dirigir una compañía? Tan solo la haría quebrar. Todo el mundo lo estafaría. ¿Cómo podría dirigir una empresa? Debe tener el conocimiento, la experiencia y la habilidad para dirigir. ¿Si Dios lo bendice en lo material, qué haría ese estudiante con todo ello? Por eso, Dios no puede concederle sus deseos.
Si este estudiante realmente tiene fe y se traza un objetivo y ora con fe pidiendo, “Dios mío, cuando tú consideres que esté preparado, ayúdame a llegar a ser presidente de una compañía y a dar 10,000 dólares mensuales de diezmo para poder ayudar a los pobres y hacer buenas obras.” Entonces, con toda seguridad Dios responderá a la oración de este joven porque habrá orado con fe. El día llegará. Este estudiante crecerá y adquirirá el conocimiento y la habilidad para dirigir una compañía. Dios lo capacitará refinándolo para ese propósito. A través de ese proceso de perfeccionamiento, llegara a ser presidente y aprenderá a ganar dinero y así podrá dar 10,000 dólares de diezmo mensual. De esta manera, Dios le responderá.
Dios responde cuándo actuamos con fe. También contesta en el momento adecuado. Cuando conocemos a Dios y recibimos respuesta a nuestras oraciones, ese es el tiempo correcto. Así que, si ha llegado al 30 % de santidad, podrá conocer a Dios en esa medida. Si ha logrado el 50 %, o 70 %, entonces lo podrá conocer dentro de esos límites. Si ha alcanzado el 100 % de santidad, podrá conocer a Dios al 100 %. Si ha llegado al 100 % de santidad, siempre estará con Dios y Él caminará con usted. No de vez en cuando, sino siempre Dios caminará con usted. Cuando invoque a Dios diciendo, “¡Padre!” Entonces, Él le dirá, “Sí, aquí estoy.” De modo que si pide, “Padre necesito esto”, entonces, inmediatamente Él contestará a su oración. No le dirá, “Espera un año”, sino que responderá inmediatamente. Y pidiéndole al Dios todopoderoso, podrá incluso llevar a cabo extraordinarias obras del poder de Dios.
Del mismo modo, aun si no está totalmente santificado, como para agradar a Dios en su medida de fe, Dios le dará gracia. Cuando ore fervientemente recibirá respuesta a sus oraciones y experimentará al Dios viviente recibiendo los dones del Espíritu Santo como el hablar en lenguas. Será lleno del Espíritu Santo a través de estas experiencias y su corazón se purificará más y más.
La bendición de conocer a Dios habrá descendido en cierta medida sobre usted. No obstante, si realmente ama a Dios, no estará satisfecho con este nivel de fe de un niño. Debe hacer todo lo posible para cortar con el pecado y rápidamente llegar a santificarse hasta convertirse en un niño más maduro quesea del agrado de Dios. Dios se deleitará en usted si llega a ser como este niño. Y es porque ahora a través de usted también Dios logrará Su propósito del cultivo del ser humano que ha estado llevando a cabo con gran sufrimiento y dolor desgarrador por interminable tiempo desde el principio de los siglos. Ahora, Dios le permitirá experimentar respuestas y bendiciones con Su gran poder.

Termino el mensaje.
Amados Hermanos en Cristo.
2da de Corintios 7: 1 dice, “Así que, amados, puesto que tenemos tales promesas, limpiémonos de toda contaminación de carne y de espíritu, perfeccionando la santidad en el temor de Dios.” Entonces ¿Es necesario tener temor de Dios o no?
Repito ¿Debemos tener temor de Dios o no? ¿Teme usted a Dios? Se nos dice “Amados, puesto que tenemos tales promesas, limpiémonos de toda contaminación de carne y de espíritu, perfeccionando la santidad en el temor de Dios” Así que, ¿Tiene temor de Dios o no? Algunas personas sí lo tienen, y otros no. Entre aquellas personas que no tienen temor a Dios, hay quienes no temen a Dios porque no conocen en lo absoluto a Dios. No le temen porque no creen en lo más mínimo en Él.
Piensan que todo se acabará cuando mueren. No creen en el cielo ni en el infierno ni en el juicio final, por eso no temen. No tienen temor porque no conocen a Dios en absoluto. Por ejemplo, si una serpiente venenosa estuviera a punto de morderlo por detrás, no se asustaría si no la ve.
Incluso si un león hambriento está detrás suyo a punto de devorarlo, no temerá si no sabe que esta ahí. Sin embargo, si lo supiera, empezaría a sudar y se paralizaría de miedo tanto que ni siquiera intentaría escapar. Las personas no tienen temor a Dios porque no lo conocen. No creen en Dios, así que no le temen. Ahora bien, si no temen a Dios a pesar de conocerlo, es que tienen su conciencia totalmente cauterizada. Tan sólo se abandonan a sus propios deseos. Al contrario, hay otros que creen en Dios. Conocen a Dios y lo aman. Al mismo tiempo, le temen, también. Esto es totalmente normal. Sin embargo, algunos podrán decir que no tienen temor a Dios en absoluto, sino que tan sólo lo aman. ¿Qué tan cierto es esto?
Bien, la Biblia dice que Job era temeroso de Dios. Sin embargo, al final, sus propios temores lo alcanzaron. Siempre ofrecía holocaustos y otros sacrificios a Dios, y aun así tenía temor de Dios. Y ese temor se hizo realidad. La pregunta es: ¿Por qué temía tanto a Dios aun cuando vivía una vida recta? ¿Por qué su temor se hizo realidad? Fue porque su naturaleza primitiva no estaba totalmente pura. Por esta razón le aconteció lo que temía. Cuando llegaron las pruebas, se reveló la maldad de su naturaleza humana. Luego que su maldad fue revelada, se arrepintió y se despojó de ella. Después de esto, ¿Tenia aún Job temor delante de Dios?
No. No lo tenía. Ahora había comprendido que Dios no era un Dios a quien había que tenerle temor, sino un Dios de amor. Usted también debe llegar a conocer que Dios es un Dios lleno del amor. Al conocer y experimentar a Dios, usted llegará a conocer que Dios es bueno.
Así que, después de las pruebas, uno ya no tiene temor a Dios. ¿Entonces, por qué dije que temer a Dios era completamente normal? Usted ha resistido el pecado, a las obras de la carne, a los deseos de los ojos, y otros pecados, y ha dejado de hacer lo que Dios dice que no hagamos y ha empezado a hacer lo que Dios dice que hagamos porque ha tenido temor de Dios. Ha empezado a vivir de acuerdo a Su palabra. Cuando comete un pecado, tiene temor del castigo que recibirá si Dios aparta su rostro de usted. Tiene temor de las dificultades que viene como resultado de su desobediencia, por eso rápidamente se arrepiente y se aparta de su pecado.
Tiene temor del infierno, por eso viene a orar y se esfuerza en su vida de fe. Hace todo esto porque tiene temor. Tiene temor porque tiene fe. Teme a Dios porque lo conoce y cree en Él. Tiene temor porque sabe que hay un Juicio Final y un infierno. Esto es verdad. Porque tiene temor, usted lucha contra el pecado y se aparta de él, por eso ahora está camina en el espíritu. Ha entrado en el nivel del espíritu. Ha llegado a ser un hijo que se asemeja al Señor quien es santo. Ya no es un hijo de la oscuridad sino un hijo de luz.
Cuando alcanza este nivel, no tiene temor de Dios. Solamente lo ama. Todo su temor desaparece. Como vive por la Palabra de Dios, en la verdad, y en la luz, y como ha llegado a ser un verdadero hijo de Dios, no tiene temor del Padre sino que sólo siente Su amor. Anhela tanto su presencia y lo ama tanto que derrama lágrimas por estar en Su presencia. Así que ahora no tiene temor. Por eso, se dice que en el amor no hay temor. ¿Comprende ahora?
El que teme no ha sido perfeccionado en el amor. La Biblia dice, “Limpiémonos de toda contaminación de carne y de espíritu, perfeccionando la santidad en el temor de Dios.” Entonces, cuando nos hayamos purificado, no habrá ningún temor en nosotros. Por el contrario, estaremos solamente llenos de amor. Por tanto, amará al Padre, y tan sólo por llamarlo, “Padre”, sollozará de dicha. Sus ojos se llenarán de lágrimas al escuchar la historia de alguien bondadoso o al oír palabras compasivas y edificantes. Derramará lágrimas cada vez que lea del sacrificio del Señor en la cruz.
Nosotros, quienes hemos recibido la promesa de la salvación, de la resurrección, y de las bendiciones por medio de Jesucristo, debemos purificarnos y limpiarnos de toda contaminación. Esta es la forma de cumplir con la promesa de Dios para que nos bendiga. Desde que recibí al Señor nunca tuve miedo de Dios. Al mirar el pasado, recuerdo que no tenía miedo de Dios aun cuando era un nuevo creyente. En el momento en que conocí a Dios, fui sanado de todas mis enfermedades, y solamente estaba lleno de gozo y de agradecimiento hacia Dios. Estaba feliz y agradecido por haber sido perdonado de mis pecados y porque iba a ir al reino celestial.
De otro modo, si hubiera muerto sin ser sanado, habría sufrido por siempre en el infierno, así que ¡Cómo no iba a sentirme agradecido! Di gracias a Dios con mucho gozo por haberme encontrado y haberme sanado. Por eso, solo amaba a Dios.
Quería conocerlo más. Solamente lo amaba. Y así procuré entender la Palabra de Dios y Su voluntad. En ese tiempo, había muchas campañas de avivamiento en muchas iglesias así que siempre iba a ese tipo de servicios. Fue así que pude escuchar la Palabra de Dios y comprender Su voluntad. Fui tocado y conmovido en mi corazón, y traté de vivir de acuerdo a la Palabra de Dios. Me aparte de todo lo que Dios dice que debemos de dejar. No hice lo que Dios dice que no hagamos. Si algo no agradaba a Dios, lo rechazaba inmediatamente. Así que, no había nada porque temer.
Asistí a muchos cultos de avivamiento para vivir conforme a la Palabra de Dios. Siempre me esforcé por aprender más de la Palabra. Cuando algunos pastores, diaconisas, o incluso diáconos me visitaban en casa para realizar un servicio, los atendía bien aunque era muy pobre.
Estaba muy agradecido y feliz porque venían a mi casa y me predicaban la Palabra de Dios. Nunca tuve miedo de Dios porque siempre traté de vivir de acuerdo con su Palabra. Y como no tenía temor desde que era un nuevo creyente, siempre pude pedir con toda confianza cualquier cosa a Dios. Creí lo que la Biblia dice: Que Dios respondería a todo lo que pidamos con fe. Por eso completamente creí que Dios me respondería y me bendeciría. Siempre me siento seguro delante del Padre. Y puedo declarar con toda libertad desde este altar que me siento confiado delante de Dios y que oro a Él con plena confianza. Aun cuando otros pudieran juzgarme, condenarme, o decir que soy malo, estoy confiado ante el Padre, así que puedo declarar estas cosas valientemente delante del Padre.
Si tengo el más leve pecado delante de Dios o si he desobedecido alguno de Sus mandamientos, puedo decir confiadamente delante de ustedes: Que Dios me añada castigo sobre castigo. Las palabras que son dichas desde este altar son confirmadas por Dios. La razón por la que muchos creyentes no reciben bendiciones es por que no santifican su corazón. Si los creyentes que no han santificado su corazón fueran bendiciones, cometerían más pecados y se alejarían más de Dios. Además, el diablo y Satanás objetarían ante Dios por haber bendecido a aquellos que no se han preparado como vasos aprobados. Si primero no santificamos nuestro corazón, Dios no podrá bendecirnos por más que quiera hacerlo.
En algunos casos, podrá orar mucho para que Dios le revele la forma cómo recibir respuesta a sus oraciones, pero no lo podrá saber ya que no oirá la voz del Espíritu Santo. Si su corazón está limpio, no sólo verá a Dios sino también escuchará claramente la voz del Espíritu Santo. Y aun cuando no escuche claramente la voz del Espíritu Santo, Dios le advertirá para que no cometa errores. Antes de iniciar esta iglesia, tenía una tienda, y quería abrir otra tienda porque me estaba yendo bien. Cuando estaba planeando esto, Dios me lo impidió tajantemente por medio de otras personas.
Después me mostró otra salida. Más adelante llegué a comprender que si Dios no me lo hubiera impedido antes, me habría ido a la quiebra. Dios me guió de una forma realmente asombrosa para encontrar un lugar donde pudiera ser abundantemente bendecido. Fue algo en verdad sorprendente cómo me guió hacia un lugar donde pudiera ser suficientemente bendecido como para terminar los 4 años de seminario, predicar el Evangelio, aprender la Palabra de Dios y orar, y, finalmente, llegar a ser pastor.
Pude ver claramente la mano de Dios. Si las ideas o los planes del hombre no son los correctos, Dios los detiene y Él mismo obra en nuestro favor. Como dice Proverbios 16: Si nuestro corazón está centrado en Dios y si estamos dispuestos a orar y a obedecer, y si de hecho lo hacemos, aun cuando tengamos una idea equivocada y vayamos por el camino incorrecto, Dios se interpondrá y nos guiará por la senda adecuada. Así que, no habrá posibilidad de fracasar. Perdemos porque no dependemos de Dios. Sin embargo a medida que nuestra fe crece, podremos escuchar más claramente la voz del Espíritu Santo.
Cuando no escuchamos con claridad la voz del Espíritu Santo no podremos discernir, y Dios tendrá que tomarnos de la mano para guiarnos, pero si oímos claramente Su voz, Dios no tendrá que tomarnos de la mano y guiarnos. Podemos esforzarnos por hacer lo que es necesario. Y con discernimiento podemos seguir la dirección del Espíritu Santo.
En la misma medida en que tengamos mentira y falsedad en nuestro corazón, en esa misma medida tendremos pensamientos carnales y no podremos escuchar la voz del Espíritu Santo. Si escuchamos Su voz y hacemos las cosas de la manera en que Dios nos lo dice, recibiremos rápidamente bendiciones y respuestas. Sin embargo, como no escuchamos la voz del Espíritu, actuamos a nuestra manera de modo que la respuesta tarda mucho.
Espero que se despoje de toda inmundicia y alcance a tener un corazón tan puro y hermoso como el cristal, de modo que pueda escuchar con toda nitidez la voz del Espíritu Santo. Así podrá glorificar a Dios siendo siempre bendecido como un árbol que está plantado junto a las corrientes del río.
Oro en el nombre del Señor para que pueda llegar a vivir en la Nueva Jerusalén, que llegue a conocer a Dios Padre, y llegue a alabar Su nombre ante Él.

Amén.

 
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